¿El sol es bueno para la piel?

Los medios y las redes sociales están plagados de documentos y artículos que inciden sobre los efectos perjudiciales del sol sobre nuestra piel. Yo misma he escrito decenas de artículos al respecto.

Sin embargo, la vida no sería posible sin el sol. Este permite que la superficie de la Tierra esté templada, calentando las aguas de los océanos y permitiendo que se den los diferentes patrones climatológicos. Igualmente es clave en el desarrollo de la fotosíntesis de las plantas cuya presencia enriquece de oxígeno la atmósfera.

¿Cómo afecta el sol a nuestra salud?

Conocemos bien cómo la luz solar puede repercutir en nuestra situación emocional. Estar al aire libre y los días soleados contribuye indudablemente a un buen estado de anímico. Seguro que tú también lo sientes así.

Se ha visto que una baja exposición solar guarda relación con mayor riesgo de obesidad y patología cardiometabólica, si bien el mecanismo por el cual esto ocurre no está absolutamente claro de momento.

Algunos estudios asocian también una exposición “segura” al sol con menor incidencia de ciertos cánceres (mama, próstata, linfoma no-Hodgkin, colon).

El sol tiene una función importante también para nuestra vida como es la inducción de la producción de vitamina D. Los rayos de UVB, al incidir directamente sobre la piel provocan la síntesis de esta vitamina en la dermis, que después seguirá otros pasos por el hígado y riñón para su completa activación.

La vitamina D también la podemos obtener de la dieta, de alimentos como los pescados grasos, la leche y otros alimentos enriquecidos con la misma. Esta vitamina está implicada fundamentalmente en el metabolismo fosfocálcico de nuestro organismo, es decir participa en la formación del tejido óseo y por tanto es clave tanto para el crecimiento como para la prevención de osteoporosis.

En los últimos años no pocas publicaciones han puesto sobre la mesa la influencia de la vitamina D en otros muchos aspectos de nuestra salud, independientes del metabolismo óseo. Se conoce que los niveles de vitamina D están más bajos de lo debido en personas que sufren alguna enfermedad autoinmune (esclerosis múltiple, diabetes mellitus, asma), hipertensión, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

Se ha investigado también si los suplementos de vitamina D pueden curar estas enfermedades y no ha sido así, por lo que es posible que el sol esté implicado de una u otra manera, más allá de la propia vitamina D. Esto, por el momento son elucubraciones, pendientes de confirmar por la comunidad científica.

Por otro lado es importante destacar en este punto que ningún estudio ha demostrado que el uso de protección solar reduzca los niveles de vitamina D en la sangre. Aplicar un protector solar de forma óptima con un rigor suficiente como para que no penetre ni un rayo de UVB en nuestra piel es extremadamente difícil y parece que a pesar de su uso, a la piel llegan cantidad de UVB suficiente como para producir vitamina D. Por todo esto parece sensato decir que la protección solar no está reñida con unos niveles adecuados de vitamina D.

¿Es bueno el sol para la piel?

Siempre que relacionamos el sol con la piel, salen a relucir sus “maldades”. Es decir las condiciones cutáneas que el sol puede empeorar, como la rosácea, el lupus o la capacidad de inducir cáncer de piel.

Sin embargo, para algunas enfermedades de la piel, ciertas radiaciones del sol pueden utilizarse como tratamiento, ya que parece que son capaces de reducir la inflamación cutánea.

Esto ocurre en el caso de la psoriasis y algunos casos de dermatitis atópica, en que incluso los dermatólogos pautamos tratamiento específico con unas lámparas “tipo UVA” que emiten una longitud de onda muy concreta (UVB de banda estrecha). Las sesiones repetidas en estas “máquinas” pueden controlar los brotes de las enfermedades arriba mencionadas. Es por ello también que las personas con psoriasis o dermatitis suelen mejorar durante el verano.

¿Es todo bueno?

Sin embargo, ajustándonos en concreto al sol y la piel, si bien para nuestro ánimo general, estar al aire libre es algo positivo, no podemos afirmar que el sol sea globalmente “bueno” para la piel.

De hecho, es malo: no solo la radiación ultravioleta (la más famosa) del sol, sino también los infrarrojos y la luz visible están implicados en el envejecimiento de la misma, y lo que es más importante, en el desarrollo de cáncer de piel. Hasta el 80% del envejecimiento cutáneo está provocado por el sol y la inmensa mayoría de los cánceres de piel (melanoma y no melanoma) están igualmente causados por él.

Sin embargo, protegerse del sol no está reñido con todos los efectos positivos de estar al aire libre y disfrutar de días radiantes. Sencillamente, parece que tiene sentido disfrutar de esa exposición bloqueando la parte más dañina del sol, los rayos UV, y a ser posible también combatiendo el efecto de los rayos infrarrojos y luz visibles sobre nuestra piel. Esto puede hacerse mediante prendas (gorra, camiseta, sombrilla) y un adecuado fotoprotector.

En conclusión

Parece que el sol tiene muchos efectos positivos para nuestra vida. Otros muchos, bien conocidos, especialmente a nivel dermatológico son perjudiciales. Por tanto, promover la actividad al aire libre con una adecuada protección solar puede ser la actitud más equilibrada ya que conjuga lo positivo de una exposición saludable al sol con una buena prevención del cáncer de piel.

Por Dra. Lorea Bagazgoitia, dermatóloga.
Autora del blog de dermatología: https://dermatologia-bagazgoitia.com/ y del libro «Lo que dice la ciencia sobre el cuidado de la piel»

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